“Did he live his life again in every detail of desire, temptation,

and surrender during that supreme moment of complete knowledge?

He cried in a whisper at some image,

at some vision he cried out twice,

a cry that was no more than a breath:

‘The horror! The horror!


Joseph Conrad, Heart of Darkness




Kane yace en alguna habitación de su Xanadú americano cuando al fin le alcanza “el momento supremo de conocimiento total”. Entonces susurra un gemido a alguna imagen, a alguna visión, ¡Rosebud!, como si estuviera viviendo su vida otra vez “en cada detalle de deseo, tentación y renuncia”, como si Welles siguiera empeñado en adaptar Heart of Darkness [1]

Kurtz cae mortalmente herido por los golpes que Willard le asesta con un machete de algún pueblo montagnard. Kurtz yace en una estancia de Angkor Vat, esa enigmática ciudad camboyana tragada por la selva y la vegetación durante siglos, y que André Malraux convirtió en una metáfora más de la muerte y la descomposición en La Voie Royale. Entonces, como si estuviera viviendo su vida “en cada detalle de deseo, tentación y renuncia”, a duras penas articula dos veces una palabra, “¡el horror!, ¡el horror!”, una palabra que pronuncia como un gemido susurrante. [2]


La penúltima morada del Kurtz original es la cabina de un destartalado vapor de río en el Congo. Tirado en el suelo, tiene su última visión, probablemente un montoncito de ensangrentadas manos negras recién cortadas. [3]


Kurtz a Willard:

“I remember when I was with Special Forces. Seems a thousand centuries ago. We went into a camp to inoculate some children. We´d left the camp after we had inoculated the children for polio. And this old man came running after us, and he was crying. He couldn´t say. We went back there, and they had come hacked off every inoculated arm. There they were, in a pile. A pile of little arms. I wept like some grandmother. I wanted to tear my teeth out”


Walter E. Kurtz expira en una estancia de la fascinante Angkor Vat. Charles Foster Kane pierde definitivamente el alma en su Xanadú de Florida, un palacio tan magnífico como kitsch (el gusto estético del nuevo rico siempre es kitsch). Ambos mueren en lugares tan parecidos que incluso el contorno de los edificios de Angkor Vat y del Xanadú wellesiano es casi idéntico, salvada la diferencia de que aquél sea uno de los máximos exponentes de la arquitectura y el arte Jmer, y el otro no sea más que un castillo gótico totalmente extemporáneo. Sin embargo, Mistah Kurtz, el original, muere en una habitación tan pobre como miserable, una habitación que ni siquiera le pertenece.


Siempre podrá ocurrir que a un gran hombre le coja la muerte en algún lugar inmundo e inhóspito. Pero lo que resultará muy extraño es que un desheredado emprenda rumbo al Erebo desde un embarcadero real. Por eso el Kurtz conradiano muere donde muere, pues el cazador de marfil no es más que un pobre hombre que, aquejado por el ansia de una fortuna rápida, se aventuró y se perdió en el corazón de las tinieblas: “Yo había oído decir que su compromiso con Kurtz –Marlow está ante la prometida de Kurtz- no había sido aprobado por sus familiares. No era lo bastante rico, o algo así. Y realmente no sé si no habría sido un pobre indigente toda su vida. Él me había dado razones para inferir que había sido la impaciencia por su pobreza relativa lo que le había impulsado a marcharse de allí”. [4]


El Kurtz de Apocalypse now no tiene nada que ver con el Kurtz de Heart of Darkness.


General Corman a Willard (en Nha Trang):

“Walter Kurtz was one of the most outstanding officers this country´s ever produced. He was brilliant. He was outstanding in every way. And he was a good man, too.


Dossier sobre Kurtz entregado a Willard:

“I couldn´t believe they wanted this man (Kurtz) dead. Third-generation West Point, top of his class… Korea, Airborne, about a thousand decorations, etc., etc. […] Like they said, he had n impressive career. Maybe too impressive. I mean, perfect. He was being groomed for one of the top slots in the corporation. General, chief of staff, anything”


La carrera y el historial de Walter E. Kurtz antes de llegar al punto de inflexión tras el cual se precipitará hasta el fondo de la más aterradora obscuridad es sencillamente impresionante. Sin embargo, la biografía del Kurtz de Heart of Darkness es, como mucho, anodina. Y, además, padece la odiosa condición de una pobreza que le impide casarse con la mujer que ama. Por eso se aventura en el Congo tras una riqueza que le convierta en una persona con honor, un honor que, a su vez, será equivalente o proporcinal, ni más ni menos, a las medidas de la riqueza que consiga reunir, pues el tamaño de la riqueza personal es la cifra de lo que alguien vale en ese exclusivo círculo en el que aspira entrar, y cuya suprema regla establece con inflexibilidad que “se vale lo que se tiene” o “tanto se tiene, tanto se vale”.


Esta concepción según la cual la cantidad de bienes materiales determina la cantidad de honor ya se oye, como pronto, cuando Homero canta que Aquiles, para que cese el castigo que Apolo está infligiendo a los griegos, logra que Agamenón devuelva parte de su botín, parte de su géras, tras lo cual, el rey de Micenas se siente átimos, sin timé, sin honor, deshonrado. Y es que hay una parte del honor del héroe homérico que no es otra cosa que sus honorarios. Es decir, aún cuando una parte del honor del héroe homérico se corresponda con algo así como un conjunto de reglas de conducta que determinan su acción, también es cierto que la medida de otra parte de su honor se concretará por el montón de los bienes materiales que consiga acumular.


Al lado o en frente del honor como “cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo”, habita, pues, el honor como honorario. Dos clases de honor que se pueden complementar, pero que también pueden existir independientemente el uno del otro. Dos clases de honor, en resumen, que tienen con la acción un vínculo de sentido contrario. El ‘honor’, por tanto, es aquello que o bien determina las acciones o la forma de comportarse de su dueño, o bien es lo que obtiene o gana quien, dueño de sus acciones, orienta su potencia de actuar, sus acciones, hacia la obtención del honor.


El Kurtz de Conrad muere por su ambición de honor. El Kurtz de Coppola muere a causa de su honor. Por eso, aunque ambos expiran susurrando “The horror! The horror!”, en el fondo, también podrían haber gemido “The honor! The honor!”. Eso sí, siempre que se entienda que el Kurtz de Conrad estaría clamando por el dinero, las riqueza, mientras que el Kurtz de Coppola estaría dirigiendo sus últimos pensamientos hacia el código de honor del soldado.

 

[4] Trad. de Araceli García Ríos e Isabel Sánchez Araujo: Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, Madrid, Alianza Editorial, 1997: 163

  1. I had heard that her engagement with Kurtz had been disapproved by her people. He wasn´t rich enough or something. And indeed I don´t kmow whether he had not been a pauper all his life. He had given me some reason to infer that it was his impatience of comparative poverty that it was his impatience of comparative poverty that drove him out there.

  2. Joseph Conrad, Heart of Darkness

  3. (según edición de Robert Kimbrough, New York, W.W. Norton & Company, 1963)

[1] “El muy radiofónico guión de Heart of Darkness supuso otro borrador de los temas de Kane, hasta el punto de tratarse virtualmente de la misma película, pero edificada con materiales diferentes”. Peter von Bagh, en “Orson Welles en clave menor”, Nickel Odeon, 16 (1999): 309

[2] “He cried in a whisper”. ¿De qué otra manera puede sonar la última palabra, la definitiva, la que cierra el mundo?


“This is the way the world ends

Not with a bang but a whimper”.

T.S. Eliot, The Hollow men

(epígrafe “Mistah Kurtz-he dead”)


Por cierto, Kurtz, en Apocalypse now, mata el tiempo leyendo este poema.

[3] Para las amputaciones de miembros en el Congo belga de finales del s. XIX, Adam Hochschild, El fantasma del Rey Leopoldo. Codicia, terror y heroísmo en la África colonial, Barcelona, Península, 2002

Entre Xanadú,

el Congo y Angkor Vat