Time of the Locust

Peter Gessner (USA, 1966)

En Time of the Locust, Peter Gessner aparece como productor y montador, no como director o filmmaker. Esto ya da una idea de lo que es el documental. Pero por si no fuera suficiente, un texto sobreimpreso advierte de que se trata de “un film sobre la guerra en Vietnam. Montado a partir de material del American Newsfilm, metraje de combate del “Frente Nacional de Liberación vietnamita”, y material no estrenado filmado por cámaras de la televisión japonesa”. Al montaje realizado a partir de material ajeno, Gessner añadió una banda sonora con música atonal compuesta por Morton Feldman, nada menos, y percusión de Max Neuhaus, artista famoso por sus “instalaciones s sonoras”, para utilizar la expresión acuñada por él mismo. Es decir, toda una joya de la música vanguardista y experimental. La banda sonora de estos dos músicos está insertada y acoplada a la imagen de manera tan sobresaliente que tras los doce minutos de Time of the Locust es difícil repartir la responsabilidad que les corresponde respectivamente por lo que se refiere a la desasosegante sensación que consigue crear en tan pocos minutos.


Time of the Locust es una combinación de imágenes muy duras de ejecuciones sumarísimas, palizas y torturas. Pero sobrecoge, quizá más que ninguna, la escena en la que un vietnamita prácticamente desnudo, con los brazos atados por la espalda, y tirado en posición decúbito lateral en la hierba, implora a otro soldado vietnamita que le apunta con un fusil de repetición. Instantes después vemos cómo el vietnamita que se halla en el suelo recibe todo el cargador. La percusión de Neuhaus y la música de Feldman convierten en heladora esta escena ya de por sí paralizante. Años después, en el 2002, Sam Green y Bill Siegel incluyeron esta misma escena en su documental The Weather Underground. Pero, en vez de la percusión de Neuhaus, acoplaron al fogonazo de los disparos el sonido de tiros enlatados. Otra forma de construir la verdad, sin duda más “real” y “verdadera” que la escogida por Gessner. Sin embargo, entre la sonorización de esas imágenes en The Weather Underground y la de Time of the Locust se abre un abismo casi infinito en lo que se refiere a la capacidad de crear una profunda y tenebrosa sensación de desasosiego.


Hay un momento en el que Time of the Locust abandona la música atonal de Feldman y la percusión de Neuhaus. Vemos escenas de vida nocturna en una ciudad, Saigón probablemente, y una ejecución ante un pelotón de fusilamiento de un hombre que se revuelve en el mástil en el que ha sido atado. Entonces suena “These Boots Are Made for Walking”, canción de Lee Hazlewood que popularizó Nancy Sinatra en 1966, y de la que escuchamos la parte final: "Estas botas están hechas para caminar, y eso es exactamente lo que harán / uno de estos días estas botas van a caminar por encima de ti / ¿Estáis preparadas, botas? / Empezad a caminar". Y entonces entra un plano de las botas de un soldado americano caminando.


También hay bombardeos, poblaciones arrasadas, y niños quemados por el napalm. Pero lo que convierte a Time of the Locust en la sombra siniestra de Why Viet-Nam, o viceversa, es que la mayor parte de la voz en Off son fragmentos de dos discursos de Lyndon B. Johnson, uno de ellos, muy famoso entonces, pronunciado el 7 de abril de 1965 en The Johns Hopkins University, y el otro dirigido a los asistentes de una reunión que tuvo lugar en Honolulú con líderes de Vietnam del Sur, el 6 de febrero de 1966. Entonces, por medio de la sencilla pero delicada lógica del montaje paradójico, las locuciones de Johnson son asociadas por Gessner con el tipo de imágenes que en poco tiempo acabarían conformando un imaginario colectivo de derrota y humillación. Este nuevo e incómodo imaginario actuó sobre el repertorio nacional de mitos, construido por los documentales de la II Guerra Mundial, como una carga explosiva colocada en sus cimientos. Así, mientras que los documentales de la II Guerra Mundial esculpieron pacientemente la noción de la inocencia americana, mediante la reiteración de que la causa de la libertad era el único motivo por el que Estados Unidos aceptaba la pesada carga de la guerra, las imágenes de Vietnam se convirtieron en el barro con el que se modeló el monumento a la pérdida de la inocencia americana.


En ocasiones, el montaje paradójico se mezcla con la ironía, mecanismo retórico que Gessner utiliza de forma muy brillante cuando consigue girar (retorcer finamente) el sentido de unas palabras de Johnson hasta convertirlas en un discurso macabro. En efecto, mientras vemos encadenadas imágenes de los cráteres producidos por las bombas, imágenes de destrucción, de sufrimiento, de niños heridos... oímos la siguiente reflexión de Johnson: “Cada noche, antes de apagar las luces para dormir, me hago esta pregunta: ¿He hecho todo lo que podía hacer para unir este país? ¿He hecho todo lo que podía para ayudar a conseguir la unidad del mundo, para intentar llevar la paz y la esperanza a todos los pueblos de la tierra? ¿He hecho lo suficiente? ¿Hemos hecho todos, cada uno de nostros, todo lo que podríamos hacer?”. Cuando Johnson deja de hablar, sus palabras ya han perdido toda la carga de angustia, duda y vacilación que originalmente querían trasmitir. Pero el lugar del significado no queda vacío; se ha recargado con la sutil y repugnante amenza de quien después de darle una paliza a alguien le pregunta si ha tenido suficiente con los puñetazos y patadas recibids, o todavía necesita más.


Time of the Locust empieza con planos de un LVTP (Landing Vehicle, Tracked Personnel), un vehículo amfibio blindado para transporte de personal, parecido a un tanque, al que en ocasiones se le montó una torreta con una metralleta. El cañón de estos vehículos con ruedas de oruga, por tanto, era de pequeño calibre, y, naturalmente, mucho más pequeño y delgado que el de un tanque convencional. En cierto modo, parece un aguijón. Pues bien, en alguno de los planos con los que Time of the Locust arranca ex nihilo, sólo se ve ese aguijón siniestro avanzando arrolladoramente al compás del ruido atronador del motor del LVTP. No sabemos hacia dónde se dirige. De pronto frena ante un agricultor vietnamita, que doblado hacia la tierra, recolecta gavillas de arroz. Entonces, desde un plano desde la parte posterior del LVTP vemos que el campesino se incorpora con las simientes en la mano, mientras que el cañón de la metralleta del blindado le apunta directamente. En ese preciso instante se congela la imagen, y aparece el título, Time of the Locust, al tiempo que suena la percusión de Neuhaus con un lúgubre golpe de campana, seguido por un golpe de tambor. Gessner, con extraordinaria economía de recursos y en sólo unos segundos ha construido de manera sublime una metáfora de estirpe bíblica: “El quinto ángel sonó la trompeta, y vi una estrella que caía del cielo sobre la tierra y le fue dada la llave del pozo del abismo; y abrió el pozo del abismo, y subió del pozo humo, como el humo de un gran horno, y se oscureció el sol y el aire a causa del humo del pozo. Del humo salieron langostas sobre la tierra, y les fue dado el poder, como el poder que tienen los escorpiones de la tierra. Les fue dicho que no dañasen la hierba de la tierra, ni ninguna verdura, ni ningún árbol, sino sólo a los hombres que no tienen el sello de Dios sobre sus frentes. Se dio orden de que no los matasen, sino que fuesen atormentados durante cinco meses; y su tormento era como el tormento del escorpión cuando hiere al hombre” (Apocalipsis, 9, 1-6).


Gessner, de este modo, replica a Johnson en su mismo campo. En efecto, en uno de los fragmentos del discurso de The Johns Hopkins University, montado sobre las imágenes de unos bombarderos que, después de despegar, dejan negrísimas estelas de humo tras de sí, el Presidente americano dice en tono amenazante: “Podemos estar viviendo en el tiempo anunciado hace muchos siglos cuando se dijo: ‘Yo invoco hoy por testigos a los cielos y a la tierra de que os he propuesto la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge la vida para que vivas, tú y tu descendencia’”. La cita que hace Johnson procede del Antiguo Testamento, concretamente del Deuteronomio 30, 19; de hecho, uno de los primeros planos de su película es una plaga de helicópeteros, a la vista no mayores que langostas, sobrevolando los campos de cultivo. Gessner le contesta con el último libro del Nuevo Testamento, el Apocalipsis: Time of the Locust, Tiempo de la Langosta, el Rock del Apocalipsis en cualquier momento.


Time of the Locust, por otro lado, resume perfectamente el principio fundamental de la realización del documental de guerrilla: el montaje de imágenes y sonido, espacial y temporalmente heterogéneos, está subordinado por completo al objetivo supremo de trasmitir una idea en la que se cree, o por la que se está dispuesto a luchar.